
Me convertí en una fan empedernida de Rabih Alameddine hace muchos años, al leer su primera novela, Koolaids: The art of war. No solo admiro su obra, hay más: Rabih es el escritor con el cual más tiempo he estado hablando de libros, autores y propuestas literarias. Entre mis conocidos es el que más lee ficción extranjera. Y de momento su francés es mejor que el mío, aunque estoy en ello…
Rabih es lo que yo llamaría un escritor de la conciencia, de la conciencia de sí, del subconsciente, del gran inconsciente que nos engloba a todos. En sus historias hay ideas provocadoras que se hospedan en sus párrafos fragmentarios, en sus imágenes espléndidas, en su lengua atrevida, en su extraordinaria habilidad para contar cuentos (...)
Amy Tan
La nueva novela de Rabih Alameddine, embriagadora, ambiciosa y de múltiples lecturas, es una maravilla de habilidad para explicar historias… Alameddine combina la dolorosa vigilia en el hospital del personaje principal, Osama (o Al-Kharrat) con fábulas clásicas árabes revisitadas con humor malicioso contemporáneo. La historia de Al-Kharrat se va desarrollando en paralelo a las historias de Baybars, el rey esclavo, y la saga de la esclava Fátima, astuta y llena de recursos, que se adentra en las garras del infierno y consigue volver. Todas las historias están interconectadas temáticamente, con el tema doloroso de la separación: los hijos de sus padres, los maridos de sus mujeres, los hermanos de sus hermanos. Alameddine crea un emotivo retrato de los entresijos de la cultura árabe, como toda cultura, rica en contradicciones. El contador de historias es maravillosamente agridulce y complejo, y las numerosas aventuras de Baybars y Fátima se convierten en la verdadera caja de resonancia de la sencilla historia humana de la peculiar e irresistible familia Al-Kharrat… Estas narraciones me han dejado con ganas de más, lo que es la verdadera marca de un buen contador de historias.
Mary Brennan, The Seattle Times (9 de mayo de 2008)
De cuatro estrellas. Con gran capacidad de invención… Fenomenal recreación de historias que reintroducen al lector a personajes de toda la vida como Abraham, Isaac, e Ismael, o la ficticia Fátima, así como nos habla de las historias de libaneses contemporáneos que han sufrido las penurias de la guerra durante décadas, y como continúan con su vida cotidiana a pesar de tanta locura… El delicioso lenguaje de Allameddine posee una calidad fascinante y lírica… Juega con sus múltiples narrativas con sencillez, enriqueciéndolas con pequeñas historias sobre el mundo en que viven, como por ejemplo la que se refiere al palomar en un tejado de Beirut, o la que habla de como sabe una cerveza fresca después de una caminata por el desierto. El hakawati auténtico, aquí, es Alameddine.
Beth Dugan, Time Out Chicago (1-7 de mayo de 2008)
Dad gracias a Rabih Alameddine por su nueva novela, El contador de historias. En uno de los más deliciosos libros del año, Alameddine relata muchas de las historias que unen a la gente que vive en Oriente Próximo. La familia del narrador son drusos que viven en el Líbano, pero las historias que oímos vienen del Cairo, Damasco y Turquía así como de la Biblia y del Corán. Los lectores actuales no tienen nada que temer de Alameddine, ya que la novela es al mismo tiempo contemporánea y antigua. En estas historias se puede encontrar a David Bowie y Santa Claus pero también a Abraham, Orfeo, genios de la lámpara, sultanes, cruzados, alfombras mágicas, vírgenes del paraíso y, claro está, malvados visires. La historia que cuenta el origen chino de Aladino es soberbia. El contador de historias es un libro para leer una y otra vez.
Chris Watson, Santa Cruz Sentinel (4 de mayo de 2008)
Un maravilloso tapiz... Después de leer El contador de historias no quería volver al mundanal ruido. Osama Al-Kharrat vuelve a su Beirut natal después de muchos años en Los Angeles para estar junto a su padre moribundo. Este es el argumento más brillante de la narración. Pero también se dan cita miles de argumentos que se entrelazan en forma de leyendas, fábulas y parábolas. Aparecen las guerras de la mitología árabe, y la guerra civil del Líbano, real como la vida misma… Una historia que va desde las siete puertas del submundo hasta un lecho de muerte en Beirut sólo podría ser explicada por un auténtico hakawati, un contador de historias, todo un hechicero… Nos encontramos con numerosos personajes: Fátima, que tiene la apariencia de una diosa, Baybars, el rey esclavo, diablillos, genios, brujas y caballos con poderes mágicos. Ellos conforman el ambiente de la narración, y las personas reales se sienten meros mortales en medio de esta atmósfera de cuento de hadas… En este libro, las personas frecuentemente penetran en un mundo de leyenda cuando el mundo real es demasiado doloroso. Y ésa es, al fin y al cabo, una de las fuentes de donde surge la imaginación. En otras palabras, cuando la familia de Osama sufre las tribulaciones de la guerra civil libanesa, la madre pedirá a su hijo: “Cuéntame una historia, distráeme, hechízame”, y así la imaginación servirá para aliviar el dolor… Esta tierna imagen me ha gustado de verdad: Osama, incluso cuando su padre está respirando los estertores de la muerte, está a punto de empezar a contar un nuevo cuento.
Jacki Lyden, corresponsal jefe de All Things Considered (18 de Mayo de 2008)
Hilarante… En el mundo de Alameddine hay alfombras mágicas, pero éstas de pronto se rebelan en pleno vuelo. Hay diablillos, pero pueden acabar en una olla hirviente o transformarse en loros escandalosos y de colorido plumaje. Y hay magistrales cuentos de sexo y seducción basados en el Kamasutra. Se nota que Alameddine se ha divertido al escribir esta historia, y esta diversión es contagiosa. Al mismo tiempo deslumbrante y vertiginoso, El contador de historias pasea, vuelve atrás, se mueve por el tiempo o se recrea en algún detalle para luego volver al principio. Hay historias dentro de historias dentro de historias… Es un buffet atrevido de “come hasta reventar”. El talento de Alameddine consiste en que cada uno de estos cuentos es tan pícaro pero al mismo tiempo tan real y contemporáneo como el siguiente. Las historias con frecuencia remiten unas a otras, ya que tienen ingredientes comunes, como el amor, la familia, la traición, el sexo… Alameddine es un fabuloso contador de historias; sin aparente esfuerzo cuenta una guerra de los tiempos antiguos y una fiesta en un jardín de Los Angeles. Puede ponerse serio e incisivo, pero también se niega a que la Historia le pase por encima, como por ejemplo cuando nos habla de un profeta que anuncia que nunca más volverá a comer brócoli.
Sandip Roy, San Jose Mercury News (18 de mayo 18 de 2008)
Una multitud de historias alrededor de la excéntrica familia Al-Kharrat. El agudo abuelo de Osama Al-Kharrat fue un hakawati, o cuentacuentos, y sus historias clásicas de princesas, genios, y astutas seductoras son comparables a los de Sherezade. Rabih Alameddine posee un estilo pulcro y naïf al mismo tiempo.
Karen Karbo, Entertainment Weekly online (14 de mayo de 2008)
Cautivador… Todo un tapiz de cuentos lleno de imaginación. Un tapiz complejo que consigue tejer entre si, de manera encantadora e increíble, mitología griega, parábolas bíblicas, cultura árabe-islámica e incluso política actual del Líbano. Muchos de estos cuentos los crea el abuelo paterno de Osama, cuya infancia fascinante y sus múltiples identidades han dado lugar a todo un maestro hakawati, la palabra del árabe de Oriente Próximo para designar un cuentacuentos o contador de historias. Mientras que el padre de Osama, de carácter un tanto aburrido, no tiene tiempo para las fabulaciones llenas de color, emoción y elementos grotescos del abuelo, Osama se embelesa con ellas. El resultado es que se convierte en un tesoro viviente repleto de fábulas y leyendas históricas…
A medio camino entre la amarga realidad y la fantasía escapista, el autor, siempre con humor, aporta una visión optimista y estoica del complicado experimento del Líbano: “Coges a diferentes pueblos, los pones uno encima del otro, los vas calentando durante mil años, sin dejar de añadir tribus y más tribus, los calientas durante otros mil años, añades sal y pimienta con religión, y lo que obtienes es un delicioso y caótico potaje de sabor exótico y apetitoso, y que no pierde el sabor aunque lo pruebes una y otra vez.”
Rayyan Al-Shawaf, Milwaukee Journal Sentinel (26 de abril de 2008)
Un festín gigante, grande… Rabih Alameddine brilla como escritor de cuentos y como novelista, y las diferencias entre los dos géneros no están tan claras como aquí, en este volumen encantador y cautivador. Como escritor de cuentos Alameddine nos hechiza con preciosas historias de aventuras con elementos de amor y lujuria, asesinato, escándalo y guerra. Como novelista, arma una estructura compleja, construyendo sutiles espejos entre los vuelos de la imaginación y la historia central de una familia en un Beirut asolado por la guerra, cambiando la perspectiva con suavidad hasta que, como un mosaico, las diminutas piezas empiezan a tomar forma, y surge la imagen real de la novela. Como una alegre pandilla de alfombras mágicas, los cuentos tradicionales y las historias de aventuras entrelazadas con la historia central de esta familia libanesa llevan de aquí para allá al lector, comportándose al mismo tiempo como traviesos en busca de pelea y como guías sabios. Parte del placer de leer El contador de historias es el placer de poder volar lejos a través de sus muchas digresiones… Embrujado por la cuidada prosa y por los cuentos adictivos de Alameddine… Me he quedado embobado ante los cuentos de Fátima y sus genios, de sultanes y sus grandes batallas, de Abraham, Sara y Hagar reinventados y reales, y he visto como todos ellos se reflejan en la historia más profunda y oscura de una familia, y en las historias que explican cada uno de sus miembros, formadas por el legado de los antepasados y por una cultura amenazada por la guerra… El consejo a los lectores potenciales es este: ríndete al hakawati. Súbete a su alfombra mágica, y deja que te cuente una historia. De hecho, deja que te cuente mil historias. Él se encarga de los detalles, tú sólo ponte cómodo y disfruta del viaje.
Lucia Silva, Bookbrowse Recommends (1 de mayo de 2008)
Alameddine es un extraordinario creador de belleza. Su nueva novela, El contador de historias, es un gran libro, literalmente (513 páginas) y de manera figurada, y está acogiendo el favor de la crítica por su ambición e inocencia. En la novela, decenas de historias se entretejen a través de la vida de una familia libanesa, los Al-Kharrat. La narración se cuenta casi siempre a través de los ojos de Osama, el hijo menor. Osama es un buen oyente, y a todo el mundo le gusta explicarle historias. Algunas de ellas son verdaderas, o casi. Algunas son cuentos tradicionales. Algunas son sobre la vida cotidiana en Beirut durante la guerra civil del Líbano. Algunas son sobre Baybars, un guerrero y sultán de Egipto y Siria del siglo XIII. Y algunas provienen directamente de la imaginación en Technicolor del señor Alameddine.
Cynthia Crossen, The Wall Street Journal (26 de abril de 2008)
No solo una historia dentro de otra historia sino centenares de historias dentro de una; un macramé de 513 páginas con innumerables detalles.
Anneli Rufus, East Bay Express (23 de abril de 2008)
Rabih Alameddine en la actualidad seguramente es uno de los mejores autores de Oriente Próximo de expresión inglesa. El contador de historias mezcla de forma magistral el relato contemporáneo de Osama Al-Kharrat, un libanés maronita y druso que vive en Los Angeles y vuelve a Beirut para ver a su padre moribundo, con cuentos clásicos de Oriente Próximo versionados, vueltos a la vida en esta muy exuberante e hilarante novela… Alameddine consigue describir la realidad absurda de la política, la sociedad y la religión en que viven sus personajes con humor y con compasión.
Alef Magazine (Marzo/Abril de 2008)
Ambicioso y valiente… Este es el material del día a día que deviene extraordinario, el trabajo del hakawati, el cuentacuentos: combinando lo mundano con lo fabuloso. El contador de historias esta construido por muchas historias, y como las famosas noches de Sherezade, su intención es mantener a raya a la muerte mediante una técnica serpenteante que con la palabra resucita al mundo con cada amanecer. El eje central de la novela es la saga familiar de Osama Al-Kharrat, quien después de 26 años en Los Angeles ha vuelto a sus raíces en el Líbano para ver a su padre en el lecho de muerte. Todos comparten las historias de la familia, y las vívidas descripciones de personajes, como la fuerte y sofisticada madre de Osama, o su cariñoso y jovial tío Jihad casi les hacen cobrar vida… Una historia emotiva, escrita con gran habilidad… A Alameddine se le debe felicitar por los riesgos que corre y por sus prodigiosas capacidades… Se merece reconocimiento por explicar una historia a la que Occidente debe prestar atención, y por evocar la diversidad del mundo árabe (cristianos, musulmanes, judíos e inclusos drusos; todos aparecen aquí), que demasiadas veces se da por supuesto en nuestra estrecha perspectiva estrecha de lo que es la realidad.
David Hellman, San Francisco Chronicle (20 de abril de 2008)
Prepárate para volar en una fantástica alfombra mágica. La nueva novela de Rabih Alameddine es Las mil y una noches del siglo XXI. El lector sucumbirá ante cuentos de genios que practican hechizos y demonios que cambian de identidad; Alameddine da un toque moderno a los relatos clásicos, basándose en los mejores ejemplos, como Las mil y una noches, Las metamorfosis de Ovidio, El Viejo Testamento y El Corán, entre otros. El contador de historias es una narración, y en ella, Alameddine cuenta las historias clásicas de siempre… Como en Las mil y una noches, en El contador de historias aparecen historias dentro de otra historia para crear un intrincado tejido de cuentos… Una narrativa cuyas partes se juntan para dar lugar a una riqueza en valores culturales, históricos y literarios… Alameddine prueba que él es el hakawati de nuestros días.
Traci J. Macnamara, Rocky Mountain News (17 de abril de 2008)
Publishers Weekly
Las historias provienen de otras historias como las familias provienen de otras familias en la mágica tercera novela de Alameddine (I, the Divine), que nos explica cuentos sobre el Líbano contemporáneo que se combinan, de manera genial, con cuentos árabes de todos los tiempos. Con su padre muriéndose en un hospital de Beirut, Osama Al-Kharrat, un ingeniero informático de Los Angeles, vuelve a su ciudad natal en 2003 para la fiesta de Eid-al-Adha. Mientras lo está velando, junto a su hermana Lina y su extensa familia, Osama narra la historia de todos ellos, retrotrayéndose hasta sus bisabuelos, e incluyendo a su abuelo, un hakawati, un contador de cuentos. Estos recuerdos se van cruzando con dos sinuosas narraciones árabes: la de Fátima, una esclava que padece los tormentos del infierno y que conquista el corazón de Afreet Jehanam, un geniecillo, y la de Baybars, el príncipe esclavo, y su astuto sirviente, Othman.
La historia de la familia de Osama da lugar a una densidad de recuerdos a la manera proustiana: la Beirut en que viven es exuberante y viva como sólo puede serlo un mundo desesperadamente aislado y a punto de desaparecer. La destrucción de esta situación a causa del conflicto de los años 70 es impactante. El tío Jihad es el símbolo de la vieja y tolerante Beirut: un contador de historias alegre e intensamente vital, sexualmente en conflicto con una sociedad que ama. Su muerte marcará un punto simbólico en la cadena de historias y tradiciones, hasta que Osama asume su papel en la saga Al-Kharrat. Igual de atractiva es la sub-trama que presenta a una Fátima actual, como una femme fatale, con cuyos encantos y seducción consigue joyas y más joyas de un grupo de ricos hombres saudíes. Y su hermana Mariella, una mujer atractiva, cuya carrera como participante en certámenes de belleza (ayudada por sus aguerridos amantes, que intimidan a los jueces para votar por ella); pero esta carrera se interrumpe de manera trágica y cruel.
La maestría de Alameddine al contar historias parece infinita: con ella ha construido una novela de altísimo nivel; un reflejo tanto de los viejos imperios como de los actuales. (Abr.)
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The Library Journal
Alameddine (autor de Koolaids y The Perv) se mete en el papel de un hakawati, un contador de historias de Oriente Próximo, en un tour de force que combina al menos cinco tramas separadas para formar un exquisito tapiz donde todo encaja. Se trata de las historias de Osama Al-Kharrat, un libanés-americano que vuelve a Beirut para sentarse junto al lecho de su padre, que se está muriendo. También de la evolución de la familia Al-Kharrat, desde sus inicios en un pueblo druso del Líbano y otro de la armenia turca. Del guerrero mameluco Baybars, conocido por su victoria sobre los mongoles. De la mítica Fátima, que se convierte en la compañera del genio Afrit-Jehanam. Pero, por encima de todas ellas, de la historia de la desintegración de un Líbano tolerante y civilizado en el campo de batalla donde luchan religiones, etnias e ideologías. Cada trama está también sustentada por pequeñas historias sobre el cuidado de palomas o sobre como tocar canciones tradicionales, así como cuentos sacados del Corán, la Biblia, Las mil y una noches, Ovidio, Shakespeare, y cada una de las personas que ha hablado con el autor. Esta mágica novela es de proporciones épicas y encantará a los lectores de todas partes. Así mismo, se la recomiendo a bibliotecas.
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Kirkus Reviews
Alameddine (autor en 2001 de I, the Divine, entre otras) combina la saga de una familia de cuatro generaciones con el corpus de los cuentos árabes y los dramas actuales para crear una novela única. Osama Al-Kharrat vuelve en 2003 a Beirut, a su familia, antigua propietaria de un concesionario, para visitar a su padre moribundo, Farid. Su relación siempre ha sido conflictiva, al igual que la de Farid con su padre. El abuelo de Osama fue hakawati: “un contador de cuentos, de mitos, de fábulas… una persona que se gana la vida entreteniendo a los demás con sus historias.” Farid, avergonzado de un progenitor que depende del favor del gobernante local, no está muy contento del amor de Osama por las historias de su abuelo, y tampoco le gusta que toque el oud, un instrumento tradicional del Oriente Próximo. La generación de Farid es una generación de modernos libaneses, de una religiosidad laxa y poco preocupada por las tradiciones. Hasta el momento en que estalla la guerra en Beirut en 1977, la familia de Osama está convencida de que a su país no le afectará directamente el conflicto permanente entre el mundo árabe e Israel.
Osama, que ha vivido gran parte de su vida adulta en California, vuelve rápidamente al seno de su extensa y activa familia (que incluye a muchas mujeres de fuerte carácter) para turnarse entre todos al lado del lecho de muerte de Farid en el hospital. La historia de los Al-Kharrat y del Líbano se despliega junto a numerosos aspectos del folklore árabe revisitados de forma muy creativa por Alameddine –quien en un momento dado nos informa de manera maliciosa que su apellido es una variante de “Aladino”-. No contento con sacar a todos los genios de sus lámparas, el autor también saca de su chistera innúmeros diablillos, demonios, brujas, guerreros, reyes esclavos e intrépidas mujeres para contrastarlos con personajes actuales en la esplendorosa cultura de Oriente Próximo. Entre estos caracteres fabulosos destacan Fátima y Baybars, que sirven al autor para entrelazar sus aventuras con las de los Al-Kharrat a lo largo de todo el libro. Se dan cita tantas historias que el lector en ocasiones se siente sobrepasado por los acontecimientos, y la narrativa en capas y tramas durante la parte central de la novela se hace un tanto monótona. Pero cualquier persona interesada en la ficción que con valentía traspasa sus propios límites no querrá perderse esta obra de altos vuelos de Alameddine. Un rico despliegue, prodigioso y excesivo, a la hora de contar historias.
Booklist
Un hakawati es un contador de historias en el mundo árabe, y la novela de Alameddine es tan opulenta y llena de picaresca, que serviría perfectamente como libro de referencia para todos los aspirantes a Sherezade. En esta gran saga sobre una familia de raíces armenias, inglesas y drusas, Alameddine, el autor de tres obras de ficción anteriores, construye historias dentro de historias que trata de genios de la lámpara, de la historia de Abraham y Hagar, de las legendarias guerras de palomas de Urfa, de la brutal guerra civil del Líbano, así como de las consecuencias del 11-S en Beirut y en Los Angeles. En el centro de esta telaraña se encuentra Osama Al-Kharrat (su apellido significa “hombre que exagera”), nieto de un hakawati e hijo de un rico vendedor de coches y de una madre glamourosa y de lengua viperina, una de las muchas mujeres ingeniosas y astutas que aparecen a lo largo del libro. Después de vivir durante 26 años en Los Angeles, Osama finalmente vuelve a Beirut en 2003 para velar a su padre, que se está muriendo. Su llegada ocasiona una avalancha de recuerdos y genera mil y una historias. Las más emocionantes son la de la legendaria Fátima, del héroe Baybars, del tío Jihad -todo un bon vivant-, y la del hakawati en persona, sin desmerecer las numerosas digresiones en forma de parábola. Alameddine, él mismo todo un hakawati, reivindica y honra de manera exuberante el arte y la sabiduría de un Oriente Próximo en conflicto permanente en esta novela estupenda e inmejorable: un palacio de infinitas habitaciones.
Donna Seaman